
-¡No, suéltenme, yo no me quiero ir, suéltenme, Ángela, NOOOO¡¡¡¡¡
Me alejaban de ella, pero ¿Quién es ella?No, yo no quiero alejarme de ella, no puedo... Me están llevando lejos, muy lejos de ella, no quiero, Ángela... no... quiero estar a su lado.... Ángela.... que alguien me ayude.....
De golpe abrí los ojos y de un gesto impulsivo, me asenté en la cama de un golpe. Mi respiración estaba muy agitada y todo mi cuerpo estaba temblando, sentí mis ojos húmedos y me toqué la mejilla con mi dedo índice derecho. Estaba llorando. Siempre lloraba cuando esa pesadilla ocupaba mis sueños.
Miré el reloj y apenas eran las 6.30 de la mañana, tenía que ir al instituto así que me tenía que levantar a las 7.30 para ir al instituto. Me volví a estirar a la cama y logré controlar mi respiración, pero aún no podía para de temblar por la pesadilla.
Siempre que esa pesadilla me atacaba, terminaba llorando o chillando o temblando. Esa pesadilla para mi no era una pesadilla común puesto que en otras pesadillas que sufría, no me levantaba con el mal estar que me provocaba esa. Esa era especial, lo sentía, algo me lo decía. Siempre era lo mismo: estaba todo oscuro, me veía a mi mismo cuando apenas tenía ocho años. Con una mirada de ternura hacia el vacío. Me reía sólo, hasta que, de repente, una mano musculosa me agarraba por el antebrazo y me arrastraba. Mi cara pasaba de ser una cara llena de amor y ternura a una cara horroriza y temorizado por el miedo. Empezaba a chillar un nombre,pero que al despertar siempre se me olvidaba. Me alejaban de la persona que llamaba y eso, no me gustaba, Luchaba para quitarme la molesta mano de encima, pero era más fuerte que yo y no podía quitármela, yo quería estar con esa persona, pero no me dejaban. Al final me llevaban a una habitación y esa mano tan musculosa pasaban a ser unos brazos muy finos, pálidos y perfectos. Yo los conocía a la perfección, pero no sabía de quien eran. Los brazos me rodeaban y, luego de eso, me sumergía a la oscuridad y me levantaba con lágrimas cayendo por mis mejillas.
Intenté volver a dormir, pero no me atrevía a volver a cerrar los ojos, por miedo a que esa pesadilla volviera de nuevo, así que opté por quedarme en la cama pensando en mis cosas.